
Desde que nacen, los padres protegemos a nuestros bebés y cuidamos de que no les pase nada. Es nuestro trabajo asegurarnos de que estén bien y protegerles de cualquier peligro potencial. Pero, a medida que los niños crecen, van haciéndose más autónomos. Cada vez son capaces de hacer más cosas por si mismos y, poco a poco, pueden ir asumiendo más responsabilidades.
En estos momentos, los padres tenemos que saber cuando retirar nuestra vigilancia constante o nuestro empeño por resolverles las situaciones.
El término padres helicóptero se refiere a un estilo de crianza basado en la sobreprotección de los hijos. Algunos padres asumen demasiadas responsabilidades en los éxitos y fracasos de los niños, llegando a ejercer una “sobrepaternidad”, es decir, estando tan involucrados en la vida de los hijos que les sobreprotegen.
Explicado de manera muy sencilla, cualquier padre o madre que haga tareas que su hijo es capaz de hacer por si mismo, se está comportando como un padre helicóptero. Por ejemplo, hacerle la cama a un preadolescente de 13 años o darle de comer a un niño de 6 años.
En niños más pequeños, por ejemplo, los padres helicóptero suelen dirigir el juego de los hijos, no dejándoles solos ni un momento e impidiéndoles tomar decisiones. Puede que tu hijo de 1 año y medio no sepa cómo hacer una perfecta torre de bloques, pero disfrutará y aprenderá tocándolos, manipulándolos y tirándolos al suelo. Esa es su manera de jugar porque necesita experimentar la diversión desde su perspectiva. Por supuesto, como somos padres preocupados, impediremos que tire bloques de madera a la televisión y le enseñaremos cómo se construye un castillo con bloques pero, después, podemos dejarle jugar a su aire.
En nuestra consulta de psicología infantil en Aranjuez, hemos visto que hay muchos factores que influyen en el desarrollo de este estilo sobreprotector de crianza, pero el más habitual es simplemente querer lo mejor para nuestros hijos. Queremos evitar que sufran o lo pasen mal, queremos que tengan aquello que nosotros no tuvimos. Queremos, al fin y al cabo, facilitarles la vida. Hacer que sean lo más felices posible. ¿Por qué no voy a cortarle el filete a mi hijo, si así se lo come mejor? ¿Por qué no voy a hablar con el entrenador para convencerle de que entre en el equipo de fútbol, si eso es lo que mi hijo más desea?
Querer que nuestros hijos vivan lo mejor posible es normal y nos pasa a todos los padres, pero es importante saber cuando nos estamos pasando.
Aunque pueda parecer que sí, no les hacemos ningún favor a los niños cuando no les dejamos desarrollar habilidades por ellos mismos y cuando les impedimos experimentar la necesidad de esforzarse. Tú sabes cortar tan bien ese filete porque has aprendido a hacerlo y lo has repetido muchas veces. Deja que tu hijo lo aprenda también. Dale la oportunidad de experimentar, de probar y de perfeccionar su técnica de cortado.
Igualmente, tú sabes esforzarte y luchar para conseguir algo porque has tenido que hacerlo para lograr lo que querías. Te has enfrentado al rechazo y has aprendido a levantarte y volver a intentarlo. Pero si convences al entrenador de que admitan a tu hijo en el equipo o le haces los deberes, tu hijo no podrá aprender todo eso.
Cuando no dejamos a nuestros hijos experimentar la parte negativa de la vida, les impedimos aprender a superarla. Por eso, el estilo de crianza de los padres helicóptero tiene consecuencias en el desarrollo de los niños. Estas son algunas de ellas:
- Menos confianza y autoestima. Cuando resolvemos todos los problemas de nuestros hijos les mandamos el mensaje de que no confiamos en ellos, no creemos que puedan hacer las cosas por sí mismos y esto les lleva a no darse cuenta de todo lo que son capaces. Enfrentarse a situaciones difíciles y resolverlas les ayudará a desarrollar una autoestima positiva y a creer en si mismos.
- Falta de habilidades de resolución de problemas. Si los padres siempre están ahí para solucionar lo que les pasa, ¿cómo van a aprender los niños a lidiar con la pérdida, la decepción o el fracaso? Es imposible que eliminemos todo el estrés de la vida de nuestros hijos, tarde o temprano se harán adultos y tendrán que enfrentarse a situaciones difíciles y dolorosas. Es mejor que aprendan las maneras adecuadas de hacerlo y desarrollen las habilidades necesarias para ello.
- Mayor ansiedad. Diversos estudios han demostrado que la sobreprotección de los padres está asociada con mayores niveles de ansiedad en niños y adolescentes.
- Carencia de habilidades vitales básicas. Los padres que siempre atan los zapatos, friegan los platos, preparan la merienda, lavan la ropa y controlan los deberes, incluso cuando los hijos son mental y físicamente capaces de hacer estas tareas solos, están evitando que sus hijos aprendan a hacer todas estas cosas. Pero esos niños necesitarán saber hacer estas tareas en su vida adulta, así que, cuando estén listos, pueden aprenderlas e irlas perfeccionando.
Los padres helicóptero empiezan con buenas intenciones, pero es importante ser conscientes de que hay un gran margen entre estar comprometidos con nuestros hijos y sus vidas, y entrometernos tanto que perdamos la perspectiva acerca de lo que necesitan.
Comprometerse con la crianza de los hijos tiene muchos efectos beneficiosos para ellos, como aumentar los sentimientos de amor y pertenencia, construir una buena autoestima y proveerles de la guía y las oportunidades que necesitan para madurar. Pero cuando resolvemos todos los problemas de nuestros hijos o controlamos todo lo que hacen por miedo a que sufran, estamos privándoles de aprender por si mismos.
El fracaso y los retos enseñan a los niños nuevas habilidades y, lo más importante, que ellos mismos pueden manejar las situaciones y salir de ellas.
Muchas de las consecuencias que los padres intentan prevenir (infelicidad, dificultades, que sus hijos no destaquen, que tengan que esforzarse demasiado, que no consigan lo que quieren, etc.) son buenas para que los niños aprendan a desarrollarse como personas competentes.
Como padres, tenemos un trabajo muy difícil. Necesitamos mantener a los hijos vigilados y al mismo tiempo pensar en qué adultos queremos criar.
Llevar a nuestros hijos desde la infancia hasta la adultez implica algo de sufrimiento, para nuestros hijos y para nosotros. En términos prácticos, esto significa que dejar que nuestros hijos pasen por malos momentos y permitirles que fracasen y que se decepcionen y, cuando este fracaso ocurra, ayudarles a manejarlo y a superarlo. Esto significa dejar a tu hijo que haga las tareas para las que está capacitado mental y físicamente. Tender la ropa de un niño de 10 años no es sobreproteger, hacerlo con un adolescente de 16, sí.
Recuerda que buscar oportunidades para dar un paso atrás y dejar que tus hijos resuelvan sus problemas por si mismos, les ayudará a crecer con más confianza y mejores habilidades para su vida adulta.

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