Oh, la felicidad… ese estado escurridizo… Filósofos, psicólogos e incluso economistas han intentado definirla y encuadrarla. Más que un simple estado de ánimo, la felicidad es esa sensación de bienestar y de satisfacción profunda que abarca nuestra vida.
Las distintas investigaciones han mostrado que la felicidad no es el resultado de saltar de un momento positivo a otro. En realidad, alcanzar la felicidad supone pasar por momentos de incomodidad.
La salud, las circunstancias de la vida, el dinero, el estado civil, las relaciones sociales e incluso los vecinos influyen en nuestro grado de felicidad. También lo hace la manera que tenemos de pensar y de expresar nuestras emociones. Los resultados de las investigaciones al respecto están de acuerdo en que sentirnos felices es, en gran parte, algo que podemos controlar.
En general, darse pequeños caprichos, realizar actividades agradables y que supongan un reto, establecer y cumplir nuestras metas y mantener lazos sociales son conductas que incrementan la satisfacción con nuestra vida.
Independientemente de cómo la definamos, la felicidad tiene un importante componente emocional y cognitivo. Por supuesto que los sucesos agradables de la vida nos harán sentir mejor, pero tarde o temprano, tendremos momentos malos y nuestra actitud hacia ellos será la que marque el camino de la felicidad.
La manera en que pensamos acerca de nosotros mismos y del mundo que nos rodea, nuestras expectativas, nuestra aceptación de aquello que no podemos cambiar, etc. marcarán nuestra tendencia a sentirnos más o menos satisfechos. La felicidad es un estado mental y, como tal puede ser intencional y consciente.
Una de las grandes paradojas de la felicidad es que la clave para la satisfacción está en hacer cosas que nos hagan sentir cierto riesgo y cierta incomodidad. Parece que las actividades que suponen un reto para nosotros son las que recordamos como las más memorables, significativas y divertidas.
Las personas felices tienen un amplio abanico de hábitos que parecen hacerles sentir mejor. Uno de esos hábitos es la curiosidad. Las conductas “curiosas” incluyen la sensación de querer saber más, de explorar áreas nuevas. El resultado podrá ser positivo o negativo, pero es el hecho de sentirse inseguro o vulnerable ante una acción nueva lo que generará la sensación de ser más fuerte y más sabio y, a su vez, nos hará sentir más felices.
Por supuesto, la vida está llena de circunstancias en las que la mejor manera de incrementar nuestra satisfacción es hacer aquello que sabemos que nos hará sentir bien. Escuchar nuestra canción favorita o hacer planes con nuestro mejor amigo. Pero, de vez en cuando, merece la pena experimentar algo nuevo, complicado o que no sepamos cómo va a terminar (como cantar en un karaoke por primera vez o atreverte a ir a esa fiesta de disfraces a la que no vas nunca).
Como psicólogos en Aranjuez, hemos aprendido que saber que sentirnos más felices es algo que podemos cultivar y trabajar nos proporciona una sensación de control liberadora. Ser feliz no depende solo de factores externos, podemos intervenir en nuestra felicidad. ¿Estás listo para hacerlo?

Deja un comentario